EL SALADO
Había
una vez un señor que apreciaba o despreciaba, apoyaba o rechazaba, pensaba de
una manera u otra, se dirigía por aquí o por allá, le gustaba esto o aquello; no
por propia reflexión ni decisión, sino que era jalado por el incesante
movimiento de la marea que lo rodeaba. Cuando la marea se tiró del quinto piso
el señor dijo: «¡Espérenme!», y se lanzó al
vacío.
No hay comentarios:
Publicar un comentario